Solo tropiezan los que están avanzando.
O dicho de otro modo, la única forma de evitar un tropiezo es quedarse quieto.
No moverse de donde se está.
Tropezar, por lo tanto, es una buenísima señal.
Señal de que las cosas se mueven.
Señal de que te diriges hacia algún sitio.
Lo que es malo en la vida no es tropezar, sino quedarse ahí, tirado en el suelo.
No volverse a levantar.
Y ya no digamos lamentarse.
Autocompadecerse.
Lloriquear.
Lo que ocurre cuando tropiezas, todo el mundo lo sabe, porque todo el mundo lo ha vivido alguna vez.
Lo más humano es sentir una cierta sensación de ridículo.
Ojalá que nadie me haya visto caer.
Qué bochorno.
Calla, que me levanto enseguida y aquí no ha pasado nada.
Natural.
Lo siguiente es buscar la causante del tropiezo.
Encontrar la piedra.
Reconocerla.
Tu cara me suena.
Culpabilizarse por no haberla visto antes.
Y darse cuenta de nuestra miserable e inefable humanidad.
Es entonces cuando todo el mundo lo veía venir.
Es entonces cuando surge el yo ya te lo dije.
Maestrillos del día después, que no se dan cuenta de lo mediocre que resulta llegar tan tarde.
Y hablando de mediocres, bajo cualquier piedra aparecen siempre los gusanos.
Las larvas.
Los bichos.
Personajillos acomplejados y torturados desde bien pequeñitos, cuando en el patio del colegio ya canjeaban su bocadillo por un par de collejas.
Suelen ser los más cobardes de la clase, los que jamás se atreverían a decirte nada a la cara, gallinas que con el tiempo han desarrollado una visión deformada del mundo, pues piensan que todos estamos pendientes de sus pataletas.
Por eso andan buscando a ver quién se ha caído últimamente para acudir a la merendola de buitres, porque sólo saben alimentarse del presunto derrotado, porque ellos jamás han creado nada que haya tenido éxito, porque son incapaces de triunfar por sí mismos y porque se sienten acomplejados ante el talento ajeno.
En el fondo les encantaría formar parte de la fiesta, ser incluso tus amigos, vivir lo que tú has vivido, en realidad es una forma de envidia, pero claro, el rechazo sigue ahí, y como respuesta al rechazo, ellos han decidido rechazarte a ti.
Pero piensa que no es contigo.
Es con la vida que jamás tendrán...
P.

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