No hay color.
Entre una vida muy recta y otra llena de curvas. No hay color.
Entre creer en el destino o apostar por un camino. No hay color.
Entre un para siempre y un mientras nos dure. Pues no. No hay color.
Tú pruébalo. Prueba a arriesgarte.
Porque el riesgo es el pantone de la vida.
Es lo que le da color.
Vale que hay que conocerlo, acotarlo y seguramente tratar de controlarlo.
Pero al final, el riesgo es riesgo.
La distancia entre un cobarde, un valiente y un temerario.
La diferencia entre una vida de contrastes y una vida gris.
P.