El momento antes del primer beso es como cuando alguien dice “¿no huele a gas?” justo antes de que estalle la cocina...
A día de hoy sigo ardiendo,
y eso que ha llovido mucho
desde el día del incendio.
Creo que voy por el
854465 primer beso con ella,
y si abro los ojos antes,
durante,
o después
podéis ver el fuego reflejado en mis pupilas.
Y sonrío como un niño con una lupa
en una tarde de julio
frente al hormiguero más grande del parque.
O como el pirómano descerebrado
que, mechero en mano, camina por el bosque
dejando un rastro de colillas
para saber volver a casa.
Nunca hay cenizas.
Las llamas no se extinguen
ni calcinan las cartas con las que se alimentan.
Tampoco hay quemaduras,
ni de tercer grado
ni de 40 a la sombra.
Sólo un calor confortable en los labios
y en la nariz.
Y en las manos, que nos conocemos.
¿Sabéis cuando el agua para una infusión
empieza a hervir?
Pues mi sangre está siempre lista
para haceros un té rojo.
Besarla es como sentarse en el radiador
en febrero
con una taza de cafe
a esperar que la lavadora centrifugue.
Me dan ganas de sonreír
cuando pienso que tenerla cerca
es como meter el dedo meñique
en el cazo donde se calienta la leche del desayuno
y ver que está justo en su punto.
pero, qué coño, tenerla cerca da ese gustito...
P.

No hay comentarios:
Publicar un comentario